CARPE DIEM

El tiempo que tenemos no es corto; pero malgastando de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes si la empleáremos bien. Pero al que se le pasa en ocio y en deleites, y no la ocupa en loables ejercicios, cuando le llega el último instante, conocemos que se le fue sin que él haya entendido que caminaba. Lo cierto es que la vida que se nos dio no es breve, nosotros hacemos que lo sea; y que no somos pobres, sino pródigos del tiempo; sucediendo lo que a las grandes y reales riquezas, que si llegan a manos de dueños poco cuerdos se disipan en un instante; y al contrario las cortas y limitadas, entrando en poder de próvidos administradores, crecen con el uso. Así nuestra edad tiene mucha latitud para los que usaren bien de ella.

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En esta vida, que por cierto es tan corta, tenemos dos obligaciones primarias: ser feliz y hacer felices a los demás. Creo que la mayor alegría reside en la segunda, por eso dice el apóstol San Juan que hay mayor alegría en dar, que en recibir. Pero dar sin esperar. Cuando das lo mejor de ti, de alguna manera esto va a regresar a ti, algunas veces multiplicado con creces, algunos lo llaman karma, otros destino. Sin embargo, lo llames como lo llames, es parte intrínseca de nuestro ser el hacer felices a los demás. 
Es tiempo de dar, tiempo de sembrar alegría, esperanza, consuelo, paz y sobretodo de fomentar la unidad familiar. Es tiempo de quedarse a compartir, de revivir la alegría de los años junto a lo más sagrado e importante que tenemos: la familia.
Recuerdo la voz resquebrajada del amigo que me decía: Siento un dolor inmenso al saber que mi madre no estará esta navidad, pero siento la alegría de que mientras estuvo, las pasábamos juntos.
El tiempo es corto, no regresa, no tiene remedio, pasará aunque no quieras que pase. Tenemos dos caminos que elegir, aprovecharlo o malgastarlo.