La Fuerza de Dios

Luego de pasar la noche en vela, meditando sobre los giros que da la vida me doy cuenta de lo siguiente: unas veces vamos a mil, viento a favor, nos sonríe la fortuna, no nos cabe en la cara la sonrisa... y de repente, todo se pone de cabeza.
La vida se compone de estos momentos, buenos y malos, dulces y amargos, llevaderos y a veces, insoportables, Es como si la dualidad nos persiguiese constantemente. Y que hacer cuando todo marcha como debiera? He aquí mi conclusión: Dar gracias a Dios por el momento presente, por la oportunidad que tenemos de reír, de compartir, de alegrar a otros... de Amar. Para que no se nos olvide que en cualquier instante, todo eso que parece ser una alegría y regocijo interminable en cualquier momento puede cambiar, y variar dramáticamente el rumbo de nuestras vidas y la manera en como afrontar lo que viene.

Las circunstancias nos van marcando, heridas nuevas se van abriendo, mientras que las viejas van sanado y marcando cicatrices que jamas se borraran, estarán ahí, presentes, para recordarnos que mientras vivimos, podemos sufrir en cualquier momento, a veces, en el tiempo menos esperado.

Dar gracias a Dios, buscar su presencia en los momentos de alegría, es lo que nos va a preparar para lo que viene. Cuando todo vaya mal, cuando tu mundo se ponga de cabeza, cuando algunos te den la espalda, cuando el amor de tu vida se vaya, cuando las finanzas se desplomen, cuando un ser querido parta, es cuando debemos mirar mirar interiormente y confiar en que no estamos solos.
Es siempre común, el hecho de que cuando nos va mal en algo, alejamos a todos aquellos que nos aman, a quienes en verdad les importamos, es fácil encerrarnos en nuestro propio mundo, y tomar decisiones que afecten a otros que nada tienen que ver con nuestro mal momentáneo o las adversas circunstancias del momento presente. Y es este un error clásico: Encerrar la mente y tan solo mirar introspectivamente. Y entonces, nuestro dolor se va diseminando como cáncer también en aquellos que nos rodean. Y los alejamos, aun sin querer hacerlo.

Es entonces cuando debemos implorar a Dios que nos llene de Sabiduría, nos de su fuerza, que nos fortalezca. Que infunda en nosotros un Espíritu guerrero, una chispa que encienda nuestro coraje y nuestra Fe, para que podamos levantarnos sin vacilar, sin dudar.
La fuerza de Dios en nuestras vidas es constante, si te fijas bien, son muchas las veces que sufrimos, pero de igual manera, Dios, en su infinita gracia y misericordias nos recuerda: Esto también pasara!
Es la Fuerza de Dios lo que, cuando estas abatido, cayendo al suelo, arrastrando los pies, listo para desistir, y tan agobiado que nada detiene tu caída; te da las fuerzas para levantarte, ponerte en pie de guerra y seguir luchando por aquello que amas o anhelas alcanzar.
Hoy, le pido a Dios, que te de fuerzas, valentía y coraje para luchar por aquello que te has propuesto, que llene de bendiciones tu vida, y la verdadera felicidad nunca se aparte de ti.

Virgilio Santana Ripoll

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dios siempre nos da la fuerza para levantarnos cuando hemos caido, llena cada vacio que tengamos en el alma, hace que sobrepasemos las pruebas mas díficiles y nos hace victoriosos cuando depositamos nuestra confianza en él... Aun estés triste por cualquier situación, debes sentirte feliz de saber que hay alguien que te ama, que espera por tí, que desea tu compañía toda una eternidad; alguien que siempre te va a regalar una sonrisa, un abrazo, el consuelo que necesitas y que te llevará siempre en su corazón!

Anónimo dijo...

Hermano, por experiencia se que cuando mas oscuro se pone el trayecto, es cuando Dios ilumina nuestras vidas y nos da una nueva forma de visualizar los momentos dolorosos, como un aprendisaje y un motivo mas para levantarse y en los buenos, aprendemos a valorar cada segundo como si fuera el ultimo.