Hechizo











Tu tienes la culpa, noche,
de que un beso suyo me embrujara.
Fue bajo tu sombra el rapto,
entrega total, camino sin retorno.
Sutilmente se acercaron las estrellas
y yo busqué sus labios de rocío
cual sediento en el desierto.
Bebí de la luna el brillo,
porción milagrosa que me llevó
a encadenarme de su aliento.
Desde entonces, más allá de mis pupilas
el horizonte solo enmarca su silueta.
No pude rechazar su boca, he perdido mi ser
no soy mi dueño, solo escucho su voz,
solo respiro su aliento,
no late mi corazon por sí, solo por ella.
Esa noche fuí tan hombre
y ella tan sedienta
que nos bebimos cada gota de los manantiales.
Pero ella se llevó mi aliento en el adiós.
Por eso busco entre tus sombras,
no sea que alguna estrella la esconda.
Si tu la guardas, noche, dímelo;
solo quiero pedirle me despierte,
que si el aliento en cada beso no me devuelve,
entonces preferible es que me mate.
Que me mate con los besos de su boca,
y me lleve al paraíso, bien adentro.



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