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En esta vida, que por cierto es tan corta, tenemos dos obligaciones primarias: ser feliz y hacer felices a los demás. Creo que la mayor alegría reside en la segunda, por eso dice el apóstol San Juan que hay mayor alegría en dar, que en recibir. Pero dar sin esperar. Cuando das lo mejor de ti, de alguna manera esto va a regresar a ti, algunas veces multiplicado con creces, algunos lo llaman karma, otros destino. Sin embargo, lo llames como lo llames, es parte intrínseca de nuestro ser el hacer felices a los demás. 
Es tiempo de dar, tiempo de sembrar alegría, esperanza, consuelo, paz y sobretodo de fomentar la unidad familiar. Es tiempo de quedarse a compartir, de revivir la alegría de los años junto a lo más sagrado e importante que tenemos: la familia.
Recuerdo la voz resquebrajada del amigo que me decía: Siento un dolor inmenso al saber que mi madre no estará esta navidad, pero siento la alegría de que mientras estuvo, las pasábamos juntos.
El tiempo es corto, no regresa, no tiene remedio, pasará aunque no quieras que pase. Tenemos dos caminos que elegir, aprovecharlo o malgastarlo.


Lo importante de saber elegir entre uno y otro será determinante en los sentimientos que vamos a albergar en el futuro, sentimientos que pueden ser de dolor, de culpa o de la satisfacción del deber cumplido, lo cual se convierte en paz interior.
El dolor es tremendo, nos cala hasta los huesos, nos quita el hambre, nos aísla y nos roba la alegría temporalmente. Sin embargo la culpa, aunque también nos hace sentir igual que cuando sentimos dolor, esta no es temporal, a lo cual se agrega el remordimiento, que nos roba la paz.
La culpa por no haber hecho lo que teníamos que hacer, por no decirlo a tiempo, por no haberle dedicado el tiempo suficiente a esa persona importante, por dejar para después aquello que teníamos pendiente hacer y no hicimos. Hay culpas que nunca se borran, la de aquel que golpeó, la de aquella que abortó, la de aquellos que un día se fueron sin quererse ir, pero que no podrán volver pues se les hizo eterno el adiós.
Aprovecha el tiempo de manera tal que si un día tienes que partir o dejar ir, sea cual fuere el camino, de eternidad o distancia, sientas el dulce sabor del deber cumplido, al haber amado y haberlo demostrado. Porque postergar un te amo? Da lo mejor de ti ahora, comparte con tu familia ahora, abraza a quien quieras ahora, ponte en marcha ahora, no te demores, porque el tiempo no espera,  no hay pausa y se nos escapa como el viento. Ojalá y no se te acabe el aliento justo cuando querías hacer lo que nunca hiciste. 

Mis mejores deseos para ti en esta navidad!

Recuerda, el tiempo y la marea ni se paran.. ni esperan.

Virgilio Santana Ripoll





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